Siempre hubo un piano en casa, y desde chico “tocaba” el piano con mi abuelo, algo que me volvía loco.
Y el Andy era una de mis influencias principales.
Parece ser que, cuando nos tuvimos que ir a España a vivir, me olvidé de todo eso.
Cuando volví de Tenerife, y me reencontré con mis amigos (Luquitas y Caro, básicamente), me di cuenta lo mucho que me importaba la música. Ellos ya estaban tocando la viola, y estaban a mil años luz de mis conocimientos musicales, más alla de mi corta carrera en el ”Conservatorio Mozart de Método Suzuki”.
Me acuerdo, que cuando en esa época mi viejo me “obligó” a hacer piano…”…Hijo, el piano es algo que te va a facilitar todos los instrumentos…” y yo lloraba cuando iba a clase y decía que tocar el piano era lo último que iba a hacer en mi vida.
que iluso.
Desde ese julio en que llegué hasta el febrero del año siguiente, lo dudé.
En ese verano, aprendí todo lo que me había perdido ( y debería haber sabido) mientras no estaba en Córdoba. Aprender, desde: cuál era el tema “JiJiJi“, hasta, que eran las pastillas Dimarzio, hasta quienes eran los Specials y hasta hoy sigo aprendiendo.
Yo me acordaba algunas cositas del piano. Y además, siempre que podía, cantaba con Luquitas algunas canciones que el sabía en la viola.
En un glorioso “Manto Rock” (Manto al palo en esa época), el Fran (que manejaba mas o menos la guitarra en ese momento), un tipo que conocía solo por ser el hermano del Iqui (un amigaso), me propuso “juntarnos a tocar a ver que pasaba” (no sabía de donde, el sabía que “Me acordaba algunas cositas del piano”), después me enteré que también la había reclutado a la caro con su flamante guitarra eléctrica, y a luquitas, con su guitarra acústica prestada.
Tocamos. Y no nos fué taan mal; eran tres guitarras ( acústica, eléctrica y criolla) y un Teclado-bateria-bajo. Además que todos menos la Caro, cantábamos. Algo, pero cantábamos. Eso “germino, y se transformo en SOS, despúes que el Tai y el Tuti se incorporaran. Después se fué Lucas, pero eso es otra historia. Y después grabamos un demo también. Después empezé en La Colmena, pero no me gustó, y después empezé en Pentagrama (gracias Cris y Mariano), y ahi fué el cambio.
Ahi me cayó la ficha.
Después empezó O’malley, otro impulso que me hizo sentir que estaba haciendo las cosas bien. Gracias Pablito.
Desde ese febrero, hasta ahora estoy sumamente convencido de que lo que hoy acabo de empezar, es lo que quiero hacer el resto de mi vida.
Ayer me mudé a Villa María, a la casa de la Nina para estudiar música en la universidad. Fué un masomenos cambio, y fue “masomenos”, porque si bien no estoy lejos como si me hubiera ido a otro país, no estoy allá. No estoy en mi casa, sino que estoy en otra casa, rara, pero hogar al fín. Hoy empezé el cursillo y siento que empezé bien. Que estoy creciendo (por muy cursi que suene), y que, por fín, estoy haciendo las cosas bien.
Igual, Falta mucho por contar
En otro post, les cuento como sigue mi vida.
y ese “les” va para toda alma caritativa que se compadezca y lea alguna de las giladas que pongo.
Tomás.
El título del post, es lo mejor que se me ocurrió. Si tienen algo mejor todavia (lo dudo), mandenmelonnn porfi.






2 respuestas hasta el momento ↓
anonimo // Febrero 7, 2008 a 9:18 pm
Se le desea toda la suerte en esta nueva vida. hubiese estado bueno que se despidiera, que mandara 1 sms, 1 correo, un golpecito de telefono, queseyo.
disfrute y aprenda.
aca va a quedar gente que va a disfrutar sus logros con una sonrisa.
abrazo
Historias desde Villa María. 1 « Clever Presenta // Marzo 12, 2008 a 12:07 pm
[...] empezar contando mis peripecias (que palabra ah?) por Villa María (ya expliqué en otro post, que decidí venirme a vivir acá porque empezé la carrera universitaria de “Licenciatura en [...]